
GLOBAL
Exclusion, Expansion de las Comunicaciones y Resistencia Cultural a la Racionalidad Economicista
Entrevista a Martín Hoppenhayn
Por Patricio Igor Melillanca y Antonio Favreau
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¿Cómo ves el contexto actual de la humanidad, que características se aprecian
en estos tiempos, existe un cambio?
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Hablar de la humanidad es un tema muy grande. Somos casi 6 mil millones,
entonces no me siento autorizado para hablar de tanta gente. Pero en mi humilde
percepción, creo que hay dos o tres cambios muy fuertes. Lo primero que veo es
un cada vez más fuerte choque entre un tipo de racionalidad económica de la
globalización actual con resistencia desde el lado cultural. Sin querer ser
reduccionista, de alguna manera la guerra de Irak y los atentados del 11-S
resumen un poco eso. Resumen los límites de un patrón de globalización económica
y de un tipo de racionalidad economicista en un mundo culturalmente tan heterogéneo.
Por supuesto que quién se lleva el protagonismo en esto es el mundo Musulmán
porque es un mundo radicalmente heterogéneo respecto a quienes llevan la
hegemonía en la expansión económica. No es el mundo cristiano ni
judeocristiano. Y se lo lleva el mundo Musulmán porque entre todas las
religiones es la cultura mayoritaria, son mil millones. O sea si lo comparas con
cualquier otro grupo, lo superan. No comparto la tesis de Samuel Huntington
quien señalaba que pasaríamos de las guerras políticas a las guerras
culturales. Creo que no es una guerra cultural, sino que una guerra entre una
racionalidad económica y otra que no es económica, que viene del lado de la
cultura, que viene del lado de lo simbólico, de lo religioso. Cuando uno va al
mundo islámico hay una densidad histórico cultural tan grande, no
necesariamente una memoria histórica, sino que incorporada al cuerpo,
incorporada al hábito, que es un mundo que le hace el peso al otro mundo, le
hace el peso al mundo globalizado, el de la expansión económica, comercial,
financiera. Ahí hay un punto donde hay un cambio planetario.
Otro
cambio que es importante tiene que ver con la exclusión. Con la rearticulación
del mundo en base a un corte de excluidos e incluidos que se da intranaciones y
se da en el escenario internacional como conjunto. Se da incluso en el país que
es dominante en términos de poder económico, EE.UU., que se ha reconfigurado
internamente como un país donde hay una distribución muy regresiva de la
riqueza y del crecimiento económico.
Y
a nivel global se han generado bloques donde la concentración de la riqueza se
queda en los países más desarrollados de la OCDE y la pauperización se
profundiza en el África.
Esto
hace pensar en un escenario muy contrastante en términos de quienes acceden y
quienes no a lo requerido para sobrevivir. Hace poco la institución American
Watch sacó un informe que se llama “El mundo de Hood Robin”, de cómo se le
roba a los pobres para darle a los ricos. De qué manera el tipo de arquitectura
financiera internacional hace que las grandes transferencias sean de sur a
norte, donde la ayuda financiera del norte al sur es irrisoria cuando se compara
con la succión financiera que va de sur a norte.
Y
un tercer elemento puede ser el que se da con el tema de las comunicaciones.
Con
la expansión de las industrias culturales a pesar que todavía es chica
proporcionalmente en comparación de las interactivas. Esto hace que hoy se de
una mezcla muy rara de localismo y cosmopolitismo donde se ve en grandes
sectores del mundo una simultaneidad de tiempos históricos distintos, que por
un lado tienen conciencia de lo que está pasando en el resto del mundo, pero
siguen en el mundo del arado o en un mundo culturalmente premoderno, y eso no lo
digo despectivamente. Es decir el acceso a la información convive con una vida
cotidiana que hasta ahora no se correspondía con eso, y que por lo tanto la
connivencia entre códigos que son de la modernidad y postmodernidad con hábitos
que son seculares o de siempre, va como copando partes cada vez más extensas
del planeta.
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¿Qué pasa con el elemento uno, Racionalidad económica v/s un mundo cultural
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Yo creo que se manifiesta en la vida cotidiana y creo que básicamente es la
identidad.
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En el contraste entre ser Musulman y ser Occidental, ese elemento sería la
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Una de las diferencias en ese sentido, es que en el mundo musulmán no hay una
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¿Esos tres elementos que tu señalabas se logran apreciar en la sociedad
chilena?
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La sociedad chilena es un poco más homogénea, está mucho más subida al buque
de la modernización. Salvo en los últimos años con la levantada de voz del
pueblo Mapuche, pero para el resto, la apuesta más o menos exitosa es resolver
contradicciones culturales en éxitos económicos, resolverlos entre comillas,
en el sentido de pasarlas por encima. O sea que básicamente la cultura se ha
convertido en consumo, y el aumento de la capacidad de la gente para consumir.
Entonces en la medida que la cultura se va resolviendo como consumo, se va
produciendo una especie como de aplanamiento de la memoria y la cultura es básicamente
memoria. Entonces cuanto más se centra la identidad en acceder al consumo
material y también al consumo simbólico, sobre todo al consumo de industrias
culturales, yo diría que más la identidad entra en relación con objetos de rápida
obsolescencia. Entonces se va perdiendo la relación entre lo identitario y lo
perdurable, y lo identitario se ve cada vez más contagiado por lo que es propio
de la racionalidad de los mercados, que es la obsolescencia programada. En ese
sentido hay una absorción de lo cultural por lo económico.
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En ese proceso, en que se genera exclusión de ciertos sectores, ¿Qué va a
pasar
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Yo creo que hay “exclusiones y exclusiones”. Hace un tiempo atrás desde el
Fosis se acuñó el concepto de “pobrezas duras”, para hablar de los
excluidos en Chile. Las “pobrezas duras” serían ciertos grupos de pobres a
los que no llegan programas sociales y padecen múltiples formas de pobreza, de
mala educación, ya sea por condición étnica o por género. Una mujer soltera
pobre con muchos hijos y baja educación, esa es una pobreza dura que no tiene
solución dentro del modelo. O grupos indígenas rurales que han vivido
discriminados secularmente y que están de alguna manera como cerrados en su
propia pobreza. En alguna oportunidad se asoció exclusión a pobrezas duras, lo
cual trajo la idea de que los excluidos son grupos muy cerrados, muy definidos,
como estáticos, y no se veía el régimen de inclusión-exclusión más bien
dinámico, porque éste se mueve en el sentido que van cayendo y saliendo gente
a la condición de excluidos.
Esto
ocurre básicamente porque esa clasificación se da a mediados de los años
’90,
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A parte de los sistemas de salud, educación, vivienda, ¿cuáles son los
sectores
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Qué formas de organización....no sé. Creo que el país está muy
desmovilizado para pensar en formas de organización. Si uno piensa lo que fue
Chile el ‘82, ‘83, ‘85, la reacción de la sociedad civil marginada, en términos
de tejido asociativo y en términos de interpelar al Estado. Si uno piensa lo
que ha sido Argentina en los últimos años, como emanan diferentes
organizaciones desde asambleas barriales, mercados de trueque, etc.
Hoy
en Chile no veo eso. Hay una disconformidad sorda, que no encuentra muchos
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¿Cuál es el papel de los intelectuales en este tiempo?
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La labor es mantener una distancia crítica permanente de la realidad. Es decir
siempre introducir una cuña allí donde se da la complacencia absoluta de la
subjetividad y la tendencia histórica. En ese sentido me considero heredero de
la teoría crítica y de la escuela de Frankfurt. El intelectual tiene que
introducir una nota de disconformidad primero que todo, porque el mundo en el
que vivimos no es para nada el mejor de los mundos en términos de exclusión
social, de vanalización de la vida, en el sentido de que la cultura actual
permite que la frivolidad sea bien vista, a que la superficialidad no se
entienda como superficialidad sino como plasticidad del espíritu. Entonces creo
que el intelectual tiene que seguir un rol de distancia crítica, de
desmistificación, desenmascaramiento, de apuntar con el dedo. Lo que pasa es
que no lo hace desde el sillón privilegiado de las luces. Lo hace en segmentos
distintos, en espacios acotados.
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¿Es posible, hablar de un pensamiento propiamente Americano y llegar a una
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Viejo tema de la identidad latinoamericana, del proyecto latinoamericano propio.
¿Qué sería un proyecto latinoamericano propio?. Tu tocas los dos grandes
temas que debe analizar del intelectual latinoamericano. El tema de la identidad
por una parte y el tema de la universalidad por otro. El tema de la identidad en
AL tiene una primera fase que es muy escencialista, con una supuesta identidad
perdida en, la América profunda, el crisol de razas; sobre todo en el tema del
indigenismo y en el tema de los mestizajes ocurre mucho eso. Y ahí creo que hay
una especie de idealización perniciosa que conduce a nada.
Después
el tema de la universalidad en AL, primero fue un tema que a través del cual
los intelectuales abjuraron de la pretensión esencialista identitaria. El
universalismo Latinoamericano en los ‘40, ‘50, ’60, era sobre todo decir:
para que LA sea universal tiene que entrar al mundo del progreso o a las utopías
europeas. Y de ese pensamiento universalista se hizo una crítica radical al
esencialismo anterior. Pero después, en los ’80 y ‘90 se da vuelta un poco
la tortilla y se critica al universalismo, entendiendo que esa especie como de
vocación modernizadora de los cientistas sociales queda atrapada en una especie
de funcionalismo, en una especies de apología de status quo, termina expresándose
en una especie de entusiasmo modernizador que desconoce completamente la
especificidad Latinoamericana y entonces hay una vuelta de tuerca con respecto
al universalismo. Pero no desde el lado del esencialismo anterior, sino que
desde el discurso de las diferencias. Este discurso no tiene pretensión de
reducirlo todo a una ciencia, sino que parte de la heterogeneidad, de la
diversidad. Lo que quiere hacer la diferencia es vulnerar, impugnar, un tipo de
universalismo modernizador que le pasa por encima a todo lo que no es blanco,
occidental, moderno. En ese sentido en América
Publicado
por la Corporación Caleta Sur (Chile), setiembre 2003.
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