
FORO SOCIAL MUNDIAL 2004
LA SOCIEDAD CIVIL ES INDISPENSABLE PARA LA CONSTRUCCIÓN POLITICA
Eduardo Gudynas
Mientras los conservadores pueden sobrevivir sin la
política, amparados en el mercado y la tecnocracia, para las opciones progresistas su
propia esencia está en los espacios políticos abiertos. Hoy por hoy los movimientos
sociales son indispensables para fortalecer ese entramado político.
Felizmente el debate sobre las relaciones entre los movimientos sociales y los partidos
políticos parece despertar mayor interés. En un artículo reciente en Bitácora (No 110
del 26 de febrero 2003) planteaba varias preguntas inspiradas en el Foro Social Mundial de
Porto Alegre. Allí comparaba una visión partidocéntrica que enfatiza el
papel de los partidos políticos como lugar de síntesis y conducción social, frente a
otra que por el contrario insiste en que la renovación de la política viene desde las
bases de la sociedad civil. Si bien esas son miradas extremas en un continuo de
posiciones, lograron motivar aportes y críticas de varios amigos y colegas, entre las
cuales exploraré dos cuestiones.
Empequeñecimiento de la política
Como primer punto, es necesario advertir que analizar las relaciones entre partidos políticos y movimientos sociales, no necesariamente significa tomar parte a favor de quienes critican o menosprecian a los partidos políticos, así como a las instituciones donde actúan. En ese sentido, es llamativo que una buena parte de los actores partidarios se sienten así cuestionados, e insisten en que esas críticas vienen siempre desde fuera. Por ejemplo, el nuevo presidente de la Cámara de Diputados, el herrerista Jorge Chapper acaba de declarar que existe en muchos incomprensión sobre nuestra actividad, lo que genera una imagen no siempre positiva, mientras que el diputado Enrique Pintado (EP-FA) agregaba que todas las críticas apuntan al Parlamento, agregando que hay desinformación malintencionada contra los legisladores.
En realidad buena parte de los cuestionamientos no provienen de afuera sino de dentro; a veces las críticas más agudas y destructivas nacen desde el propio espacio partidario. Dos ejemplos recientes bastan para ilustrar el punto: Luis A. Lacalle criticaba días atrás la falta de liderazgo y de iniciativa del Partido Colorado en el Parlamento, y agregaba que el vicepresidente no dialoga con nadie. La respuesta de Luis Hierro también fue dura, sosteniendo que Lacalle tiene severas dificultades para conducir al Partido Nacional, subrayando que aún dentro del Herrerismo le responden a gatas tres senadores.
Por un lado, las críticas de entre casa se repiten regularmente, mientras que por otro lado, felizmente no existe (todavía) en Uruguay una corriente social sostenida, vigorosa y visible en la prensa, que ataque una y otra vez a la vida partidaria, a los ámbitos políticos plurales como el parlamento, y que se origine en los movimientos sociales. Sin duda que hay críticas puntuales, a veces algunas teñidas de sorna, pero estamos lejos de una avance antipolítico como se ha vivido en Venezuela, Perú o Bolivia.
Resulta paradojal que los cuestionamientos cruzados dentro de los partidos políticos derivan en un cierto canibalismo, donde los actores político partidarios contribuyen a erosionar su propio espacio político. Es que dichos como los reseñados arriba no son parte de un debate de ideas, ni están asociadas a discusiones sustantivas sobre temas nacionales clave ni sobre metas a futuro.
Son llamativas las dificultades de los actores políticos en advertir ese canibalismo mientras insisten en que los cuestionamientos provienen del exterior. Frente a esa situación tengo la impresión que a los sectores más conservadores y cobijados por el aliento neoliberal en realidad no le preocupan mucho esos asuntos. Es que ellos consideran que buena parte de la marcha del país debe tener lugar en el mercado, y por lo tanto los espacios políticos abiertos y plurales son una pérdida de tiempo, intrínsecamente ineficientes. Obsérvese que la propuesta de L. A. Lacalle del ajuste político refleja precisamente esa idea de minimalismo político, ya que incluye una reducción del Poder Legislativo, confundiendo lo pequeño con lo mejor.
La crítica uruguaya al neoliberalismo ha alertado en especial sobre la reducción del Estado y la ampliación del mercado, sin ser suficientemente clara en señalar que esos dos procesos en realidad son una consecuencia de una postura teórica que busca reducir el ámbito político. Los neoliberales entienden que un espacio político mínimo es suficiente. Frente a esta postura, encontramos que los nuevos movimientos sociales han elevado las más diversas críticas y han sido sus prácticas políticas uno de los antídotos contra el minimalismo político.
Es evidente que muchas prácticas ciudadanas contribuyen a fortalecer el espacio
político; ejemplos recientes son las acciones frente al nuevo código del niño desde las
instituciones que trabajan en el área de la infancia y juventud, las demandas de los
grupos de consumidores, e incluso las movilizaciones contra los peajes. Obviamente no
cualquier manifestación vecinal corresponde a una práctica política de la sociedad
civil; en especial me refiero a aquellas que se hacen de forma abierta y plural, que
apelan a argumentos para expresar ideas y aspiraciones, que incluyen acciones concretas, y
que al menos en parte invocan y afectan a toda la sociedad.
Discusión política y decisión técnica
Pero la postura neoliberal tiene otra faceta que también debe subrayarse: el debate político se reemplaza por la decisión técnica, los actores políticos se cambian por tecnócratas. Más de una vez se insiste en despolitizar temas clave para la vida del país, se repite que las decisiones deben ser técnicas, y toda vez que emerge una discusión ciudadana se la busca acallar acusándola de politizada. Uno de los ejemplos más llamativos de este sesgo ha sido la medida del nuevo ministro de industria Pedro Bordaberry de asignar dos vacantes importantes por medio de un concurso manejado por empresas internacionales que seleccionan personal. La medida ha sido mirada con simpatía en varios lugares, incluso en la izquierda. Pero si se reflexiona más detenidamente se observará que es otro ejemplo de erosión de la política.
Es que todas las reparticiones jerárquicas del Ministerio de Industria son esencialmente políticas, y hacen a temas nacionales cruciales. Las estrategias en energía, industria, minería y así sucesivamente no son sólo una materia de resolución técnica, sino que deberían expresar las prioridades y formas que el Estado asigna a sus políticas de desarrollo, en consulta con la mayor cantidad de actores sociales por lo tanto, son materia política. También es difícil defender la idea que una empresa internacional de selección de personal, usualmente orientada a elegir candidatos compatibles con fines empresariales y que poco tienen que ver con el bien común, sea capaz de identificar a los mejores para una jerarquía ministerial. Es también una confesión indirecta de incapacidad política desde ese ministerio. Muy por el contrario, todos los puestos jerárquicos de los ministerios deben estar ocupados por quienes cuenten con solvencia técnica, pero que a la vez tengan atributos propios de la vida política y respondan a los debates políticos.
Estos ejemplos fundamentan la necesidad de fortalecer el espacio político. Ante la actual crisis del país, muchas críticas hacia el gobierno se transforman en cuestionamientos a todo el sistema político, y a la política en sí misma. En su desesperación algunos podrían recurrir a profundizar la gestión tecnocrática, y otros a un discurso antipolítico o populista. Por lo tanto, el debilitamiento del entramado político es un tema que a todos nos debe preocupar, y consecuentemente analizarlo desde la perspectiva de la sociedad civil no es malgastar el tiempo.
En tanto los sectores más conservadores son los que erosionan la política como escenario plural y abierto, la izquierda debe tener en claro que necesita cimientos sólidos que permitan sostener los espacios políticos. Las opciones ideológicas conservadoras pueden sobrevivir sin esos ámbitos políticos, pero ello es imposible para la izquierda ya que la vida política está en su propia esencia. Mantener, sostener y fortalecer los espacios políticos abiertos en Uruguay es una tarea donde tanto la sociedad política como los movimientos sociales se necesitan mutuamente.
El aporte de las organizaciones ciudadanas es clave para la vitalidad del ámbito político, y para la propia sobrevivencia de los partidos políticos. Más allá que coincidan con una medida partidaria o no, o critiquen o alaben al municipio capitalino, la sociedad civil es indispensable para la construcción política.
Eduardo Gudynas es
investigador en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América
Latina) d3e @ internet.com.uy. Publicado en Bitácora, La República, No 112, pág
3, Montevideo, 19 de marzo 2003.
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