
IDEAS Y CONCEPTOS
Entrevista a Álvaro García Linera
La sociología de los movimientos sociales
Por Miguel E. Gómez Balboa
Es uno de los intelectuales más escuchados, leídos y vistos del momento. El sociólogo y matemático Álvaro García Linera (41) presenta este martes el libro titulado "Sociología de los movimientos sociales en Bolivia: estructuras de movilización, procesos enmarcadores y acción política". Un “manual” de más de setecientas páginas para comprender y conocer (qué quieren, dónde tienen fuerza, a qué apuntan, qué hacen para organizarse, cuáles son sus aliados y enemigos...) a doce de los actores sociales, que el autor considera los más importantes en la actual vida sociopolítica del país.
García Linera —que contó con el apoyo de Marxa Chávez
y Patricia Costas para esta empresa—, plasma con esto una idea concebida en
2001 y, sobre todo, una experiencia de décadas en el tema. El escritor habló
con Domingo (*) sobre algunos tópicos de su reciente publicación, a la que
considera un esfuerzo más para “convertir el conocimiento en una herramienta
de acción de los sectores subalternos”.
—¿Cuáles fueron los motivos que lo impulsaron a escribir este libro?
—El contar con una reflexión sistemática o sociológica de las características
de estos actores políticos, hoy, claves para la estabilidad y la transformación
social boliviana. Dos, tener una especie de “memoria organizativa” de ellos.
Tercero, el saber adónde apuntan y su potencialidad a futuro. Y, por último,
tejer un libro para que las organizaciones sociales puedan conocerse y, así,
vean que no son tan diferentes sino que gozan de similitudes.
—¿Para quiénes está pensado?
—Ante todo, para los actores sociales, que se miren a sí mismos y, con ello,
encuentren sus potencialidades y debilidades para seguir avanzando, pero también
puede ser aprovechado por académicos, periodistas, investigadores extranjeros,
políticos...
—También por los servicios de Inteligencia...
—(Carcajadas) Por qué no.
—En base a los datos del estudio, ¿cuál es el diagnóstico general de
estos movimientos?
—Primero, que están fragmentados. Cada movimiento social tiene una base
organizativa, un discurso, un liderazgo y una territorialidad distinta. Segundo,
tienen diferente capacidad de movilización y de presión. Tercero, algunos
apuntan a la transformación radical del Estado (los “sociopolíticos
estructurales”), otros pretenden cambiarlo en algunos aspectos (los
“sociopolíticos reivindicativos”), y también existen los que sólo
propugnan mayor reconocimiento frente a la autoridad u actores civiles (éstos
no cuentan con adjetivos).
Otro dato importante de esta pluralidad es la identidad. Hasta los años setenta
había un movimiento social unido a la COB, con una identidad predominante: la
obrera. Eso cambió, los movimientos sociales y la identidad predominantes son
los indígenas (CSUTCB, cocaleros del Chapare y Yungas, CONAMAQ, CIDOB,
Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz o CPESC). Y se puede ver una
identidad más campesina en el MST y los Regantes, otra más obrera–popular en
la Coordinadora del Agua...
—¿Qué retos tienen estas organizaciones?
—A futuro, lograr estructurar vínculos temporales y temáticos —no fusión—,
porque cuando lo logran consiguen espectaculares resultados (léase la “guerra
del agua” o “del gas”). La idea de una articulación vertical fusionada,
como en los cincuenta u ochenta, ya no funciona. La diversidad de estos
movimientos es la expresión del país. Aparte que esta articulación no debe
ser espontánea sino más bien estratégica, en busca de conquistar derechos y
consagrar sus demandas en instituciones.
En esa línea, los líderes deben entender que no va a haber un solo movimiento
social en Bolivia. Cada uno tiene que aprender a respetar el liderazgo y
territorio del otro y de las organizaciones. Asimismo, comprender que, a pesar
de esas diferencias, pueden encontrar puntos de acuerdo, por ejemplo la Asamblea
Constituyente, donde el reto apunta a que estas organizaciones puedan tener una
plataforma común para llegar a ella de manera hegemónica, éste es el reto
inmediato.
—Tomando algunas organizaciones estudiadas en el libro, ¿cómo se puede
caracterizar a la CSUTCB en su doctrina ideológica? ¿A dónde apunta? ¿Qué
proyecto tiene para llegar al poder? ¿Tiene fuerza real en el altiplano?...
—Es el sector más fuerte y radical, aunque es regional —pero ningún
movimiento tiene alcance nacional—. Está en la etapa de ser un movimiento étnico
nacional con proyecto de una transformación radical del Estado. Su fuerza de
movilización está en La Paz, en siete o doce provincias del altiplano, con
capacidad de paralizar la vida alrededor de ese territorio, ocupar puestos políticos
e, incluso, de sustituir al Estado cuando se lo propone (Achacachi). Su
reivindicación apunta directamente al Estado, no solamente en términos de
demanda, sino que la combina con un proyecto de sustitución del poder estatal
La CSUTCB pasó varias etapas. La de formación, donde se mezcló la tesis de
recuperar el indianismo con el izquierdismo. En los ochenta y principios de los
noventa se dio el desplazamiento del indianismo por el izquierdismo. Y estamos
actualmente en una etapa de asentamiento fuerte del indianismo y, ante todo, de
un discurso nacional/indígena/aymara, que reivindica el autogobierno de los indígenas
como meta de los aymaras. Éste es el emblema de Felipe Quispe, que reza la
“indianización” del Estado, donde los mestizos perviven pero bajo el
predominio indígena. Lo interesante es que no sólo es un discurso de la élite
intelectual dirigencial, sino también de los cuadros medios y sectores de base.
Y hay otra CSUTCB, la de Román Loayza, cuya base territorial y de movilización
está en Cochabamba, parte de Sucre, Potosí y Santa Cruz. Goza de un mayor
radio de extensión, pero con menor capacidad de movilización y con un proyecto
más moderado de transformación del Estado, donde lo indígena sería uno más
de los componentes en la construcción de la bolivianidad. Es una tesis más
integradora y, por ello, quizás tenga mayor aceptación en otros departamentos.
—Entonces, ¿el proyecto del “Mallku” es más utópico?
—En su discurso se recoge toda la herencia del katarismo y el indianismo para
proyectarlo políticamente. Y en términos de propuesta alternativa de Estado y
sociedad es más consistente —que no significa más viable—, por la reflexión
y solidez de sus argumentos. Será viable, a mediano plazo, si y sólo si este
nacionalismo aymara se consolida y politiza más, y, además, logra incorporar a
los otros pueblos para que su emancipación sea también la de otros. En estos
momentos, la correlación de fuerzas ubica como más viable, y también más
moderado y ambiguo, al proyecto de Loayza.
No obstante, se da una paradoja. Porque quien formula los proyectos más
radicales o utópicos es el sector más indianista, cercano a Quispe, y quien
convierte más viable “pedazos” de este líder es Tórrez. Algo como si se
necesitaran mutuamente.
—¿Qué sucede con los cocaleros?
—En términos de fidelidad y de cohesión corporativa, es el sector más
fuerte y gira en torno a puntos más reivindicativos que político–estructurales,
como la defensa de los cocales y el rechazo a la erradicación. Incluso, por
ello, tienen más fuerza de movilización que los aymaras. Pero su proyecto político
de transformación del Estado es más moderado.
—Sin embargo, de este sector surgen Evo Morales y el MAS...
—Aunque curiosamente es de donde surgió un proyecto político nacional
electoral de toma del poder, el MAS de Evo Morales, pero como movimiento social
tiene más demandas reivindicativas que políticas. La fuerza de unos es la
debilidad de otros, es decir, los aymaras son fuertes en proyecto societal y
electoralmente son débiles. La otra cara de la moneda son los cocaleros.
—¿Cómo diferenciar a los cocaleros de Yungas con los del Chapare?
—La producción de coca en los Yungas se remonta a tiempos precoloniales, en
el Chapare recién se instaló en los años cincuenta. En el norte paceño, el
cocal articula la vida social, económica y cultural de la región; en el Trópico
cochabambino puede darse que se bajen las hectáreas y no se derrumbe el sistema
organizativo, porque la coca es un elemento principal, pero no fundamental para
la estructura de la vida colectiva.
Aparte, los cocaleros yungueños, culturalmente, están vinculados al discurso
aymara del altiplano. Y los chapareños son una combinación de campesinos,
quechuas y relocalizados. Un entorno con mayor mestizaje cultural. Eso permitió
que el MAS dialogue con otros sectores, algo inadmisible en el nacionalismo
aymara que habla consigo mismo.
—Entonces, la relación Yungas–Chapare se rige a lo meramente laboral...
—La defensa de la coca logra una alianza importante. En momentos hay enemigos
comunes y actúan juntos, pero otras veces están separados. Por ejemplo, en
septiembre del 2003, los cocaleros yungueños se unieron rápidamente a la
protesta del altiplano y los del Chapare llegaron casi al último. No siempre
actúan conjuntamente, porque los Yungas tiene una filiación étnica cultural
con el mundo aymara, y además porque en esta región hay un pedazo de sembradío
legalizado, por lo cual no tiene los mismos problemas de represión que en el
Chapare.
—O sea, que los cocaleros del Chapare, al estar identificados más con lo
quechua, no podrían converger con la línea aymarista de la CSUTCB. Algo que se
ve en la apática relación de Evo Morales y Felipe Quispe...
—No podemos hablar de un nacionalismo ni quechua ni aymara. En general, en
todos los movimientos agrarios hay una base común, la identidad campesina, pero
dependiendo la historia de la región se ha sobrepuesto otra identidad. En el
caso aymara la identidad indígena–aymara se ha sobrepuesto a la campesina.
Los cocaleros del Chapare inicialmente tenían una identidad campesina y
lentamente han ido incorporando algunos repertorios de identidad indígena, sin
embargo ésta no se sobrepone a la campesina, sino que coexisten. Todo responde
a un proceso de construcción y de reinvención de la indianitud en Bolivia dado
en los últimos treinta años.
—¿Cuál es la realidad de la COB?
—En la investigación mostramos que tuvo dos grandes etapas. La primera, que
abarca de 1952 a 1985, de la hegemonía obrera, donde este sector era la
principal fuerza económica de presión y liderazgo social. Pero, de 1985 a
1990, hasta hoy, hay un desmantelamiento de la base material cobista, al haber
casi desaparecido el sindicato de gran empresa. Y a su turno, surgió un nuevo
proletariado, hay tres veces más obreros ahora que hace treinta años, pero
desindicalizado.
La COB mantiene un discurso obrerizante, pero es una especie de “mito
colectivo de la unidad”, que en los hechos tiene base social urbana: su
capacidad de movilización está dada por los sectores del magisterio y salud.
Por esto se dejó opacar por las movilizaciones indígenas, donde la COB más
bien se acopla a ellas, y cuando lo intentó por cuenta y riesgo propio le fue
muy mal.
Su reto está en resindicalizar a los obreros. Cuando un ochenta por ciento de
ellos lo esté, estará refortalecida. No es problema si se propugna o no la
revolución proletaria, porque sin base social no se logrará nada.
—¿En qué divergen las Centrales Obreras Regionales de oriente y
occidente?
—El sindicalismo de la COR de Santa Cruz tiene máximo un cuarto de siglo de
vida; en La Paz viene desde la época de las (os) palliris y los pequeños
talleres artesanales de los cincuenta del siglo XIX. O sea que hay una larga
sedimentación organizativa en occidente. Aparte, en la capital cruceña, debido
a su rápido crecimiento, las redes y tejidos sociales son aún endebles, por
eso se entiende que el sindicalismo de su COR no se haga problema con estar
dentro del comité cívico y secundarlo en sus decisiones. En cambio, la cultura
obrera occidental ha construido una autonomía obrera y salarial de largo
aliento, no existente en Santa Cruz al estar bajo la hegemonía de los sectores
empresariales. Incluso, esto llevó a que en La Paz los obreros hayan conseguido
más derechos, porque los obreros cruceños padecen las relaciones
obrero–patronales más déspotas.
—Un movimientos social nuevo son los Sin Tierra, ¿quiénes y cómo son
ellos?
—Tienen dos vertientes: la de Ángel Durán y la de Moisés Tórrez. Ambos son
un poco la expresión patética de los límites de la Reforma Agraria y la
modernización urbana, y de la precariedad laboral del país. Los Sin Tierra
articulan a campesinos que tienen muy poca tierra y necesitan más para
completar su canasta familiar, o que son víctimas de los procesos de
parcelización y de los bajos precios de los productos (Cochabamba), o que son
auténticamente Sin Tierra (peones o jornaleros de Tarija y Santa Cruz). Pero,
también, se mezclan con trabajadores, obreros sin trabajo...
Algo interesante que los diferencia de aymaras y quechuas —cuyos movimientos
son de base comunitaria— es que los Sin Tierra son individuos que se agrupan
como tal y conforman un MST, y por ello también tienen una identidad más
campesinista, no tan étnica. Tal vez sea el único movimiento que no tiene
relación con la identidad indígena, a excepción de los Sin Tierra de la
provincia Aroma (Collana), son comunidades que, a veces, actúan como Sin Tierra
siendo en el fondo comunarios aymaras, y también participan como tales cuando
los convoca la CSUTCB.
—¿Cuáles son las diferencias neurálgicas que separan a Durán y Tórrez?
—Su principal diferencia está en su radio de acción. Durán asentó su
fuerza en Tarija (Yacuiba) y el altiplano aymara. Tórrez, en Santa Cruz y zonas
de Cochabamba. Además, Durán intenta una forma organizativa que no siempre
funciona: tomar predios para construir asentamientos y vivir allí, con
autogestión. Mientras que Tórrez apuesta por algo tradicional como el
sindicato, sin embargo, éste tiene mayor capacidad de movilización.
—¿Cuál es el enemigo principal de los Sin Tierra: los empresarios o el
Estado?
—Lo interesante de este movimiento —incluso de la CIDOB (Beni)— es que
tienen como adversario e interlocutor inmediato no al Estado sino a empresarios,
ganaderos o madereros. Y a veces utilizan al Estado como interlocutor, sólo
para que haga cumplir la ley. No son un movimiento tan sociopolítico, aunque el
líder compita en elecciones municipales (como Durán).
—¿Existe algún movimiento al que no se presta la debida importancia,
siendo de cuidado?
—La CPESC y el Bloque Oriente. Son débiles, no se movilizan como los
cocaleros, no bloquean ni paralizan como los aymaras, pero son una serie de
alianzas indígenas, campesinas, Sin Tierra, que se convierten lentamente en un
contrapoder en el interior de Santa Cruz —algo inexistente—, donde hubo
predominio de las élites empresariales durante los últimos setenta años.
Otro aspecto que no se da demasiada importancia en los debates es el del
nacionalismo/indígena/aymara, único en Latinoamérica. Si este discurso se
expande, va a tener el curso de cualquier nacionalismo en el mundo, pero se lo
relativiza o reduce a un solo líder, cuando hay una dinámica en las bases
mucho más extensa.
—En base a la tipología ofrecida en el libro, ¿cuáles movimientos
tienden a aliarse o estar separados?, ¿cuáles utilizan más las medidas de
presión o son más violentos?
—Todos los movimientos, sin excepción, tienen un método común: la negociación.
Sobre esa base se ubican dos bloques que convergen y divergen. En el primero hay
subdivisiones. Están los propensos al diálogo, el lobby político y la marcha
simbólica, donde se usa el cuerpo como un lugar de la escenificación de la
demanda (CIDOB e incluso COB). Luego, están los que usan la negociación, las
marchas y, en momentos, actos más fuertes, como la CPESC, que fue capaz de
tomar algunas áreas petroleras. Un nivel más arriba se ubican los que emplean
negociación, marcha y, de vez en cuando, bloqueo, allí se sitúan el CONAMAQ y
los Colonizadores.
El segundo grupo lo conforman movimientos que recurren con mayor fuerza a la
movilización, pero combinada con presión: cocaleros del Chapare y Yungas,
Coordinadora del Agua y Regantes, Fejuve El Alto. Y, por último, está la
CSUTCB, que emplea la negociación y actos más radicales: bloqueo de caminos,
toma de pueblos y, a veces, la destrucción de oficinas del Estado.
—Por lo dicho, podemos apreciar el radicalismo aymara de occidente, pero
por qué no reza con ello oriente.
—En oriente hablamos de movimientos indígenas minoritarios, esto influye en
sus métodos de lucha, porque así es difícil enfrentarse con el Estado. Por
eso optan por una actitud propositiva. Son más sofisticados en el conocimiento
de leyes, de reglamentos, porque allí encontraron la mejor forma de obtener
derechos. Empero, los indígenas de tierras altas tienen el número como para
ser fuerza y obligar al Estado a retroceder.
Además, los indígenas de tierras bajas tienen como adversario inmediato a
sectores empresariales y luego recién el Estado. En occidente, el primer
adversario es el Estado, como comando político de las élites nacionales.
—Con el declive de la COB, ¿el movimiento social urbano no encuentra otro
frente para viabilizar sus demandas?
—Quizá el movimiento social más importante surgido a nivel urbano sea la
Coordinadora del Agua, por su novedad organizativa. No se centra en sindicatos
de gran empresa, no exige pertenecer a un gremio para ser militante, y ha
revalidado temas que tienen que ver con el salario indirecto de la población.
Si se reivindica salario directo, solamente te van a apoyar los que tienen
salario, que es la minoría. Pero si reivindicas agua o luz, todos lo pagan, y
eso permitió a esta organización contar con base social más amplia, además
de un diálogo entre lo obrero y campesino no reeditado desde los años
cincuenta. Allí tienes a regantes, campesinos, obreros y vecinos, con un mismo
objetivo: que no les cobren más por la tarifa de agua o que no les quiten sus
pozos o sistemas de riego. Aparte, está la Fejuve como movimiento de base
comunitaria urbana.
—¿Cómo han desarrollado las estrategias de movilización en los
movimientos sociales?
—Hubo una evolución de los repertorios de movilización y cada organización
lo hizo de manera particular. Pero la COB tuvo una especie de involución, por
su declive temporal, ya que las grandes huelgas o paros nacionales se han
transformado en sectoriales. En cambio, en la CSUTCB hubo un proceso de
escalonamiento de los métodos de lucha hasta llegar a actitudes más radicales
(construcción del cuartel de K’alachaqa, toma del poder local de los
pueblos). Los cocaleros rezan con la marcha y el bloqueo. E incluso los pueblos
indígenas del oriente van evolucionando, porque los guaraníes ya cercan áreas
petroleras. No hay un modelo, más bien una especie de trasvase de experiencias.
—¿Cómo se organiza un bloqueo de caminos campesino y qué lo hace tan difícil
de combatir?
—Es una de las maquinarias sociales más extraordinarias. Donde se pone en
movimiento una serie de lógicas, fidelidades, sistemas de turno, mandatos y
decisiones. Primero, ningún bloqueo se aprueba si el núcleo fundamental de la
movilización no se ha pronunciado, la Central o la Sub Central Agraria. La Sub
Central es la reunión de las asambleas de representantes de sindicatos y, a la
vez, éstos no toman la decisión si primero no lo hizo su asamblea, porque la
que sale a poner piedras es ésta. Una acción de bloqueo es un acto decidido de
manera autónoma por las comunidades, Sub Centrales y Centrales.
Allí funciona la mita, el sistema de turnos. Cada comunidad está asociada a
una cantonal, de
ella no todos salen a bloquear sino escalonadamente, como una rueda. Y una
cantonal puede tener quince comunidades, eso quiere decir que una comunidad
saldrá a bloquear una vez cada quince días. Pero, además, esta cantonal forma
parte de otra rueda, una Subcentral, y tampoco se movilizan todas ellas.
Entonces, en verdad, cada comunidad bloquea una vez cada 25 ó 30 días. Si
funciona esa maquinaria comunidad–cantón–Subcentral–Central, es
invencible y los campesinos pueden estar bloqueando indefinidamente.
Aparte, si una comunidad decide bloquear, el comunario no puede contradecir la
orden, bajo pena de ser objeto de castigo al romper el consenso comunal, base de
la democracia comunitaria. Esa lógica comunal de toma de decisiones, de turnos
que se eslabonan de lo micro a macro, es una maquinaria más visible en el mundo
aymara.
—¿Cómo los movimientos sociales se han visto carcomidos por las
prebendas, el clientelismo, los caudillismos...?
—No son un dechado de virtudes y el texto no hace una apología de ellos. En
el documento se ve cómo, internamente, se han convertido en factores de
conservadurismo, de reproducción de lecturas autoritarias, de machismo y de
construcción de redes prebendales. Por ejemplo, el tema de las mujeres —que
son el 50 por ciento de las bloqueadoras y productoras—, a nivel de liderazgo
no cuentan. Existe la Federación de Mujeres Bartolina Sisa, con pequeña fuerza
en el Chapare, fuera de eso es más que una oficina. La idea del equilibrio, del
chacha–warmi, no existe.
También está inserto el clientelismo. Se ve en el libro un estudio sobre el
tema en Fejuve, cómo alguna vez las redes sociales sirven para establecer
mecanismos de subordinación y negociación ante entes externos, de beneficios
personales o colectivos, a cambio del voto, por ejemplo.
—Se lo ha relacionado con actos guerrilleros y de terrorismo (EGTK). Hoy,
usted es uno de los intelectuales con más incidencia social. Pero, con sus
ideas y estos aportes bibliográficos ¿cómo desea que lo perciba la sociedad?
—Como un intelectual que usa las herramientas rigurosas del pensamiento sin
caer en el discurso fácil y la ideología para estudiar, entender y apuntalar
las fuerzas de transformación de las clases subalternas de Bolivia. Es mi
esfuerzo convertir el conocimiento en una herramienta de acción de estos
sectores. Lo hice desde el EGTK, pero con menos posibilidades, experiencia, vínculos,
quizá con más emoción, ahora con los medios de comunicación. Empero, no vería
una ruptura, lo que mejoró es mi capacidad analítica. Ésa es mi función de
intelectual “orgánico”, que no lo entiendo como un gritador de plaza, lo
detesto pero es necesario. Si tuve el beneficio de estudiar quince años en la
universidad ahora busco utilizar lo aprendido para estos compañeros, ellos ya
verán si lo usan pero ésa será mi intención siempre.
(*) Suplemento del diario La Prensa (Bolivia)
Publicado en La Prensa, La Paz (Bolivia) el 12 diciembre 2004. Se reproduce únicamente con fines informativos.
_____________________________________________
Forociudadano.com • Ideas y conceptos