TEMAS NACIONALES

INDIGENAS Y CAMPESINOS EN BOLIVIA:

ORGANIZACION, POSICIONES Y TENDENDENCIAS 

 

Miguel Gómez Balboa


Si el noventa por ciento de los campesinos e indígenas estuviese unido, el gobierno no nos aguantaría ni cuarenta y ocho horas”, declaró el líder cocalero Evo Morales. Las diferencias culturales, étnicas, políticas, regionales y los intereses caudillistas han debilitado y resquebrajado al movimiento campesino en gran parte de su historia. Ninguno de éstos ha encontrado un común denominador que suponga una cohesión definitiva, salvo en casos donde coinciden las demandas específicas. El apoyo en esas circunstancias es interesado, pero no significa necesariamente una relación de pertenencia.

“El mismo término ‘campesino’engloba a ciudadanos de raíces étnicas distintas, entre ellos podemos citar a los aymaras y quechuas, quienes también tienen divisiones importantes con diferencias claras, que muestran la multiplicidad étnica y cultural”, remarcó el politólogo Ricardo Paz. Ante este panorama, el gobierno es acusado de aprovechar la situación y acentuar aún más el divisionismo entre campesinos. Este ejercicio prebendal de vendedores y compradores tiene larga data, lo mismo que las pugnas internas y rencores milenarios entre los principales actores campesinos e indígenas. El “Mallku” y Evo, por ejemplo, no pueden verse ni en pintura. La instauración de dos confederaciones de campesinos —una aymara, a la cabeza de Felipe Quispe, y otra quechua, al mando de Román Loayza— no es un desencuentro casual. Tampoco lo son las contradicciones hechas públicas entre de los líderes del norte paceño. Núñez y García establecieron notorias diferencias entre colonizadores y cocaleros. La eterna lucha entre Quispe y el Inka. La división del Movimiento Sin Tierra con el mando bicéfalo de Moisés Tórrez y Ángel Durán. Los movimientos polarizados por el occidente y el oriente. Todos y cada uno son claros ejemplos de la cuesta arriba emprendida por un movimiento campesino e indígena que pretende ser coherente y único.

La pugna occidental

“En general, el movimiento indígena-campesino, a excepción del periodo 79-89 del anterior siglo (cuando existió una confederación fuerte), siempre ha presentado fisuras. Por las pugnas de intereses políticos hoy tenemos dos confederaciones de campesinos. Una de Román Loayza, que tiene base en Sucre, Potosí, Santa Cruz y Cochabamba; y otra a la cabeza de Felipe Quispe, en el altiplano. Pero se nota otras divisiones como el movimiento campesino de oriente y occidente. Y también en el altiplano, bajo la forma sindical y las autoridades originarias. Esto establece una división entre Conamac y Consac”, sostiene el analista político Álvaro García Linera.

El departamento paceño es un claro ejemplo de las divisiones y los desencuentros. Un territorio poco poblado es el escenario del —ahora en duda— dominio altiplánico de Felipe Quispe (el “Mallku”), líder de una Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Por otra parte, Germán Choquehuanca (el Inka), que intenta dejar de lado a su anterior aliado de partido para insertarse más en la política de Román Loayza y Evo Morales. Esta arena de confrontaciones ha dividido la zona altiplánica, a pesar de que la CSUTCB de Loayza es vista con cierto grado de apatía. Ahora, la zona urbana y las periferias ya comenzaron a sentir la influencia del líder cochabambino Evo Morales, quien ha iniciado una nueva “guerra verbal” con el “Mallku”. Entre acusaciones sin pruebas, ambos se acusan de oficialistas y de corruptos. La situación, sin duda, acentúa aún más sus diferencias y provoca el mayor distanciamiento de sus bases. “Al final los dos son indígenas”, opinó Loayza, pero a ellos eso parece importarles poco.

En el norte paceño de los Yungas, colonizadores y cocaleros —el primer sector al mando de Félix García y el otro comandado por Dionisio Núñez— han decidido adoptar la línea masista, pero sin dejar de lado sus intereses. El último bloqueo realizado por los colonizadores, buscando respuestas a sus demandas particulares, ha sido criticado por algunos sectores del MAS —partido que apostó al bloqueo como una última opción en su plan de movilizaciones —. Pero, la piedra en el río causó más disturbios. Así, Núñez previno del conflicto entre las dos fuerzas yungueñas y advirtió que su gente estaba comercialmente afectada por la imposibilidad de transportar libremente la coca por nor y sur Yungas. Como respuesta, García, eufórico, hizo caso omiso de la amenaza y declaró que el líder cocalero ya no tendría aceptación en las bases yungueñas. Núñez, a propósito, arremtió contra su correligionario y lamentó su posición catalogándolo de histriónica. “Vamos a ver quién tiene más convocatoria, para ver quién es quién”, aclaró.

Para Morales, no hay una pugna interna. Pero para el líder de la CSUTCB Román Loayza, todo el sector es todo menos una taza de leche. “El conflicto entre Núñez y García es por una maniobra gubernamental. Estamos investigando si el gobierno está trabajando o no para que las bases los castiguen”, aseveró el líder quechua.

El otro mundo

“Al norte de los Yungas, tenemos a las organizaciones de los tacanas y mosetenes, para quienes la CSUTCB —tanto de Quispe como de Loayza— no tiene casi ninguna presencia. Ahí se organizó la Central del Pueblo Tacana, que enarbola demandas territoriales al ser colindante con el parque Madidi y además por tener proyecciones con el turismo. Asimismo, la parte de Pilón Lajas con los mosetenes y chimanes ha dado lugar a demandas de ecoturismo bajo la administración directa de los pobladores. Todo responde a organizaciones que respetan lo originario y no van ni con Evo ni con Quispe”, aclaró el técnico del Centro de Investigaciones para la Promoción del Campesinado (CIPCA) Juan Carlos Rojas.

Paralelamente, otra línea política está avanzando en La Paz y otros departamentos: Conamac (Central de Ayllus y Markas del Collasuyo) es una organización que intenta rescatar la estructura indígena originaria de la comunidad campesina en base al liderazgo de los “apumallkus”, demandando temas territoriales con un contenido étnico. “Esta confederación refuta a la CSUTCB (dice que es foránea, traída por los españoles) por no acordar con temas referentes a la Ley INRA”, comentó Rojas.

El valle dividido

Cochabamba muestra otro paisaje particular en cuanto a liderazgos campesinos. El sector de los cocaleros que lidera Evo Morales, la CSUTCB de los quechuas presidida por Román Loayza, los “regantes” con Omar Fernández, los campesinos del Valle Alto y la parte altiplánica con Alejo Véliz, y la Conamac.

Morales y Loayza convergen en algunas apreciaciones, pero al parecer mantienen sus distancias. “El Evo no va a tomar nunca el poder sino las organizaciones sociales e igual el pueblo urbano. Yo también soy reconocido como un líder nacional, pero Evo sólo lo es a nivel político y yo lo soy a nivel orgánico”, declaró Loayza.

Con un perfil desgastado, Alejo Véliz aparece debilitado en escena, se mantiene en el campo político buscando el apoyo de otras organizaciones. Su desafuero parlamentario le ha traído muchos dolores de cabeza y su posición no es bien vista por diputados del MAS y el MIP. “ No se sabe si es chicha o limonada porque no se decide a apoyar a cualquiera de los líderes campesinos, pero sí tiene más tintes de derecha como cualquier otro partido político tradicional”, criticó un diputado masista. En resumen, Véliz es el hijo pródigo que nunca regresa.

En cambio, para la organización de los “regantes”, que demandan canales de riego para sus parcelas, las cosas están claras y definidas. Las bases representadas por Omar Fernández apoyan al Estado Mayor del Pueblo —organización que alberga a diferentes partidos y sectores campesinos e indígenas— no por su línea masista, sino por la coincidencia en las demandas. “El tema de Cochabamba es interesante porque, además de todos los líderes conocidos, hay dos movimientos que aparecieron recientemente y que no convergen con ninguno de los anteriores. De ellos no tengo mayor información, pero sé que uno de ellos dice ser fruto de los resabios de la presencia del MNR en el campo; en cambio, el otro está separado de todos los anteriores. Además, en este departamento hay una diferenciación bien establecida entre cocaleros y habitantes del Valle Alto, por eso no se entienden y hay líderes diferentes”, aseveró Rojas.

Un oriente sin occidente

El norte amazónico, conformado por Pando, Ixiamas y la provincia Vaca Diez, presenta la organización campesina a la cabeza de Luis Rojas, cuyo principal discurso es la exigencia de títulos de tierras. “Sin embargo, también se empezó a contar con otra organización paralela que desmuestra la división de fuerzas”, complementó Rojas.
Además, organizaciones como la Central de Campesinos de Vaca Diez y la de Guayamerín, que basan sus demandas en el tema territorio, han establecido una relación con la CSUTCB sólo a nivel orgánico y no político, alejándose lo más posible del discurso de Evo, Loayza o Quispe, primeramente procurando fortalecer su presencia organizacional y política en la región para luego apuntar a lo nacional.

En Beni, en cambio, donde se encuentran 16 de los 33 pueblos indígenas de Bolivia, sólo se exhiben atisbos fantasmales de la CSUTCB. El departamento cuenta con poca fuerza campesina y los pocos sectores representados por Alfredo García son ambivalentes —van tanto con la confederación de Quispe como con la de Loayza— y no predican el pensamiento político de Evo, demandando primordialmente garantizar las tierras fiscales para sus bases.
Asimismo, el “discurso antikolla” en este departamento impide la presencia plena de los líderes del occidente, buscando más bien una relación diplomática con sus sectores.

El indigenismo originario marca a la mayoría en la región que cuenta con dos organizaciones confrontadas: la Central de Pueblos Indígenas del Beni (CEPIB) y la Central de Pueblos Étnicos Mojeños del Beni, un desprendimiento de la anterior y que asume una posición crítica a su referente. “Hay un distanciamiento indígena notorio en el Beni. El centro y el norte van con la CEPIB y el sur con la Central de Pueblos Étnicos Mojeños. Incluso aquí está abigarrada la desunión entre Beni y Cochabamba, departamentos que tienen un problema de límites con el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Securé, donde se ha presentado un conflicto entre indígenas del oriente y colonos o cocaleros de Cochabamba, porque estos últimos estarían invadiendo las tierras de los anteriores. Pero, en general, las ideas de Evo Morales no ingresan en este departamento y eso no quiere decir que ellos estén con el ‘Mallku’ u otros”, aseveró Rojas.

Otro departamento oriental, Santa Cruz, expone una problemática más profunda. Por un lado, está la Federación de Campesinos que tiene como líder a Diego Marquina, organización que se relaciona principalmente con la CSUTCB de Román Loayza. Por otro, la Federación de Colonizadores, con un fuerte peso económico, y la Federación de Mujeres Campesinas. Sin embargo, la confrontación indígena camba está presidida por la CIDOB (Central Indígena del Oriente, la amazonia y el Chaco boliviano) de Higberto Tava, que cuenta con el apoyo del pueblo guarayo y guaraní, y la CEPES (Central de Pueblos Étnicos de Santa Cruz) de Bienvenido Sacu, con la presencia del pueblo chiquitano, ayoreo y parte del guarayo. Ambas organizaciones en pugna critican más que todo sus relaciones con el gobierno. Mientras para la CIDOB debe existir una relación diplomática con el Estado sin cuestionamientos, para la CEPES el trato debe ser de igual a igual e incluso tomando medidas de hecho. “En ninguna de estas organizaciones se puede hablar de Quispe o Evo porque quieren relacionarse con el Estado de otra manera, además se ve a la CSUTCB como algo tomado de afuera y que no pertenece a su tradición cultural”, dijo Rojas.

Por último, Santa Cruz también es un lugar estratégico del Movimiento Sin Tierra, liderado departamentalmente por Florencio Orco, quien está ceñido a la línea de Moisés Tórrez —una de las cabezas de este movimiento campesino, que también cuenta con el liderazgo de Ángel Durán—, líder afín a la CSUTCB de Román Loayza y alejado del “Mallku”.

Los otros departamentos

En Oruro, Potosí, Sucre y Tarija se aprecia la influencia de los líderes tradicionales, cuya fuerza es relativa y siempre busca el apoyo de otros sectores locales para su aceptación. En Tarija, el cuartel general del Movimiento Sin Tierra, también está dividido. Unos están con Moisés Tórrez —simpatizantes de la CSUTCB de Loayza— y otros con Ángel Durán, quien intenta consolidar un liderazgo propio. En Potosí, se asienta el Movimiento Sin Tierra al frente de Hilarión Cayo, volcado al liderazgo de Tórrez. Además de ubicarse los ayllus del norte de Potosí de Rosendo Copa, que van por la línea de Felipe Quispe.

En estos departamentos, la presencia de Evo, el “Mallku”, incluso Loayza, es notoria. Pero, no hay que dejar de lado el ingreso de Conamac en La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y parte de Cochabamba, que a su vez ha dado lugar al nacimiento de su opositor, Consac.

Encuentros cercanos

Los diferentes movimientos campesinos intentan establecer puntos de contacto. Una nueva estrategia ha llevado a los principales partidos a integrar en su discurso demandas mucho más abarcadoras, que también formen parte de otros sectores. Pero, para ellos esto parece poco, la política tradicional es apuntada como la causa principal de su separación. “El gobierno a través de las prebendas nos distancia y lamento ver que dirigentes compañeros se presten a esto, a desestabilizarnos”, declaró Morales.

Sin embargo, para el gobierno esta acusación es inaudita. “Nosotros no estamos en ese tren (dar prebendas), que no sería saludable ni para la democracia ni para los campesinos, sólo conversamos con los sectores”, aseguró el ministro de Agricultura, Guido Áñez. Para el analista político Jorge Lazarte, “el gobierno no provoca la división, sino que la aprovecha para negociar con algunos, para que no estén juntos”. Además, las pugnas internas carcomen la integración de cada uno de los sectores y partidos deteriorando su imagen. “Deberíamos arreglar los problemas internamente y no darlos a conocer públicamente porque esto nos debilita”, sostuvo Núñez. Según los analistas políticos consultados, el principal divisionismo está relacionado con el “caudillismo”, un factor indiscutible en el movimiento campesino.

¿Separados por el destino? Para Lazarte, “en medio de todos los conflictos multiformes sin comunicación actuales aparece un escenario donde los conflictos pueden encontrar una convergencia y el gas parece ser el eje de movilización y el escenario para el confrontamiento”. ¿Será el gas el tema de convocatoria? La “bandera del gas” parece enarbolarse como el núcleo de convergencia campesina e indígena a nivel nacional. Un movimiento desunido y alimentado por los intereses de distinta índole quiere encontrar algo que lo identifique y lo consolide masivamente. “En función a este tema (el gas) queremos aglutinar a todos los campesinos, indígenas y población en general para vencer a este gobierno”, concluyó Evo. Mientras el “Mallku” junta sus propias piedras.¿Una wiphala unificadora o un desencuentro anunciado? El tiempo lo dirá.

Basado en un artículo de M. Gomez Balboa, en Domingo, La Prensa (La Paz, 28 setiembre 2003); títulos corresponden a la redacción de Foro Ciudadano.

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