TEMAS NACIONALES


“La sociedad organizada tiene mAs posibilidad de acciOn”

 

Entrevista a Marcela Tchimino


Uno de los temas de debate en la nueva democracia post-dictadura en Chile ha sido el debilitamiento de la sociedad civil que fuera tan importante en generar un clima antidictatorial y una mística para ganar el plebiscito.

Se ha argumentado que el oficialismo de la Concertación temió una sociedad civil que hiciera una presión de demandas que no fueran posibles de cumplir, porque se recibía una democracia “amarrada”. Por otro lado, se ha señalado que lo que en realidad ocurrió es que, recuperada la democracia, la gente que se movilizó consideró su misión cumplida, y regresó a sus vidas personales.

Sin embargo el paso del tiempo en democracia –dentro de un contexto cultural de privatización de la vida en comunidad– ha llevado a la convicción de que la fuerza de la sociedad civil organizada es nuevamente necesaria. Que el estado es muy débil frente al empresariado, y que –desde una perspectiva constructiva– la sociedad civil debe hacer alianza con el estado y el sector privado para movilizar las energías sociales en una línea de profundización de la democracia. El propio estado ha desarrollado iniciativas para fortalecer a esta sociedad civil.

 

En este contexto, un conjunto de personas vinculadas a las más diversas organizaciones se plantearon el desafío de crear una instancia de representación de este mundo tan diverso. Surgió así el Pro-Foro, que luego de un año de trabajo convocó a una asamblea en la que se constituyeron formalmente como Foro de la Sociedad Civil. Allí resultaron electos en presidencia compartida Marcela Tchimino y Juan Altamirano. El pasado mes de Abril culminó el período de un año de su mandato, y en una nueva asamblea se rindió la cuenta del primer año, y se eligió a la nueva directiva. Entrevistamos en esta ocasión a Tchimino para conocer los fundamentos de la iniciativa y la experiencia del primer año.

 

-¿Por qué importa hoy que haya gente preocupada de la sociedad civil y de fortalecerla?

-Durante la dictadura había un enemigo común que hacía que los movimientos sociales tuvieran mucha fuerza; en cambio hoy hay muchos ‘enemigos' pequeños. Hemos pasado de los grandes movimientos orientados por una lógica ideológica, a grupos menos grandes vinculados por intereses temáticos: ambientalistas, indígenas, de mujeres, de grupos culturales y otros.

 

-¿Y por qué fortalecerlos?

-Por varias razones. Porque el país lo forma la sociedad civil, que somos todos los habitantes; y existe sociedad civil organizada y no organizada. La sociedad organizada tiene más posibilidad de acción y de protección.

 

-¿Ante quién?

-No hay que ponerlo bajo una mirada de amenaza, aunque hayan varias, sino de una sociedad civil organizada que quiere hacer alianzas con el estado y con el sector privado para construir un país. Por otro lado la sociedad civil también tiene una identidad.

 

-¿Cuál es esa identidad?

-Es difícil decirlo dada la diversidad; creo que hay ‘sociedades civiles', distintas expresiones con una identidad basada en que la construcción del país debe provenir del aporte de todos. El modelo tiende a desdibujar la identidad del ciudadano y fortalece la identidad de consumidor. Debemos construir una identidad desde la sociedad civil que se contraponga a esa construcción de identidad desde el poder económico.

 

-Como bien decías, hoy reconocemos grupos dentro de la sociedad civil con la más alta diversidad, con sus temáticas y sus intereses. ¿Cómo puedes generar agregación en esa diversidad?, sobre todo si piensas que las agregaciones en el nivel político y el empresarial son agregaciones de homogéneos.

-Justamente lo que nos hace distintos al estado y al ámbito privado es la diversidad.

 

-¿Y cómo generas agregación?

-Ese es justamente el propósito del Foro de la Sociedad Civil. Cuando vemos que la Constitución de este país no define el Estado o sociedad como multicultural o multiétnico, tenemos algo sintomático. Hay que cambiar esa idea de que este esa un país homogéneo. Ese es un aspecto de nuestra misión, visibilizar la diversidad existente. Otro es la asociación con el estado y la empresa para la defensa de los intereses comunes de la sociedad civil, tales como los derechos del consumidor, los derechos humanos, la profundización de la democracia, la participación ciudadana, etc. Esto se hace más viable cuando tienes una entidad que representa a las distintas voces de la sociedad civil, para levantar los temas comunes.

 

-¿Cómo se produce la sinergia si no hay intersección temática?, ¿por qué prestan poder unos a otros?

-No es tan natural, porque ha habido una fragmentación en la sociedad civil, y se han instalado elementos de desconfianza. Pero la base de la sinergia es desde una concepción de que ‘a pesar de que no son de mi identidad tus temas específicos, sí los legitimo y sí los definiendo'. A mí me parece por ejemplo legítima la lucha del pueblo mapuche en el tema de demanda de tierras, aunque no sea mapuche.

 

-¿Cómo se enfrenta el tema de la competencia versus la cooperación? Porque se puede pensar que las organizaciones miembros presten poder mientras no se tope con su beneficio.

-Es que el Foro de la Sociedad Civil no se constituye para competir en los temas específicos de la sociedad civil, sino como un referente de representación de ella; porque más allá de los intereses específicos existen intereses generales que no entran en competencia. El fortalecimiento de la democracia es un interés común. Para hablar de la defensa del consumidor, o de las reivindicaciones de pueblos originarios, o del capítulo chileno del Defensor del Ciudadano, hablan las organizaciones centradas en esos temas y el Foro las respalda. Así se visibilizan las distintas expresiones de la sociedad civil, pero a la vez levantamos una voz que aboga por los temas generales.

 

-¿Logra el Foro una representación transversal de las organizaciones de la sociedad civil?

-Sí. Una prueba de ello es que está Cema Chile en el Foro.

 

-¿También hay una representación separada en sectores?

-Sí, están las ONGs, las Organizaciones Sociales (Juntas de Vecinos y CESCOS), las organizaciones de la diversidad, y los pueblos originarios.

 

-Vayamos a la práctica, ¿cómo ha sido la experiencia de instalación y evolución del Foro?

-Te mencionaba que en la sociedad civil venía instalada una fragmentación y falta de confianza. Entonces en un comienzo nos centramos en dos grandes líneas: constituirnos como un referente legítimo frente al gobierno, hacer que nos escuchara en nuestras demandas y en nuestras colaboraciones; y por otro lado, trabajar en la reconstitución de las confianzas. Por ejemplo, entre las ONGs y las organizaciones de la sociedad civil, que son mundos que han estado separados por mucho tiempo. El hecho de que los dos presidentes del Foro provengan uno de cada mundo -Juan Altamirano es presidente nacional de los CESCOS- y que además en la directiva participe gente de todos los sectores, y que con este grupo diverso hayamos construido el Foro a lo largo del año y logrado un buen trabajo conjunto, muestra que hemos tenido capacidad para fortalecer las confianzas.

 

-Dime cuáles son los hitos positivos y los negativos.

-Levantar una organización con todos estos elementos de diversidad, desconfianzas, fragmentación, no es fácil, y hemos avanzado bastante. Quizás hemos ido demasiado lento, pero hemos avanzado en definición de identidad, en legitimación ante la opinión pública.

 

-¿Qué gatilla el impulso por constituir el Foro?

-Primero surgió la iniciativa de un grupo chico, que se autoconvocó a un grupo Pro-Foro. A ese grupo se integraron unas treinta personas. Ese grupo convocó en Abril de 2002 a una asamblea en el Diego Portales, a la que asisten más de 600 personas. Allí se presentó una propuesta amplia de constituir un referente que representara a las distintas expresiones de la sociedad civil. Nos propusimos preguntarle a la sociedad civil si le parecía de interés crear este referente.

 

-Pero ¿cuál era el diagnóstico de ese grupo inicial para pensar que era necesaria esta coordinación?

-Había la evaluación de una omisión por parte del Estado de escuchar la voz de la sociedad civil. Te recuerdo que el 2000, en el marco de la campaña de Ricardo Lagos, se convocó a un Consejo Ciudadano para que elaborara las bases del fortalecimiento de la participación ciudadana. Este Consejo se reunió durante casi un año, y sacó un excelente documento que constituiría la ley de participación ciudadana. Pero luego se pasó a una forma de hacer política donde no se ha contemplado la participación ciudadana en las decisiones sobre temas que le competen. Pensamos que ya estábamos en un momento de consolidación de la democracia donde las organizaciones sociales debían tener voz propia.

 

-¿En qué no satisface el Estado visiones de la sociedad civil?

-A grandes rasgos, en la inexistencia de una alianza real entre el estado y las ONGs para elaborar y construir políticas públicas. Lo que existe es la contratación de servicios, y la cooptación de personas de la sociedad civil al Estado. Y en todas las organizaciones encuentras ejemplos.

 

-Pero eso sería importante si hubiera una visión de desarrollo diferente.

-De eso se trata justamente. Nosotros tenemos una propuesta de desarrollo sustentable que es muy clara. Pero no se ha escuchado suficientemente la voz de la sociedad civil en la toma de decisiones ni en la definición de políticas públicas. Porque cuando se dice que la Ley de Participación Ciudadana ha sido elaborada con amplia participación de la sociedad civil, eso no es otra cosa que la dictación de una serie de talleres informativos a nivel nacional. Pero a la hora de redactar el proyecto, de definir los temas importantes, ¿cuál es la participación allí de la sociedad civil? Eso no está, y la información, que es importante, es sólo un primer nivel.

 

El Utopista Pragmático No 115, julio 2004 (www.utopistapragmatico.cl).
La entrevista se reproduce en nuestro sitio con fines informativos.

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