TEMAS NACIONALES


NOTAS SOBRE EL FORTALECIMIENTO DE LA SOCIEDAD CIVIL EN CHILE

 

Jorge Osorio Vargas


1. Hacer un planteamiento sobre el fortalecimiento de la sociedad civil como política pública (que involucra tanto al Estado como a las organizaciones de la sociedad civil), implica repensar la cultura democrática e indagar en las posibilidades de ampliar la democracia representativa, desde una "política ciudadana", hacia una democracia participativa y deliberativa. A nuestro entender esto significa plantearse el tema del arraigo de la virtud cívica en nuestra sociedad, es decir, de la "disponibilidad ciudadana" en el país, que es el factor clave para innovar y profundizar nuestra democracia.

2. Sin el desarrollo de esta cultura democrática, sin desplegar el capital cívico, las reformas institucionales tienden a ser estériles. A lo menos, existen cinco estrategias que conducen a acrecentar este capital:

a) El fortalecimiento del tejido asociativo como fundamento de la participación ciudadana: el ciudadano asociado desarrolla más competencias para participar en la vida democrática y hace visible en la esfera pública la diversidad de la sociedad.

b) La articulación del sistema educativo en función de una "reforma" que debe entenderse como un proceso de creación de capacidades, de autonomía y de creación cultural. Esto significa que la reforma de la educación se desarrolle en todos los niveles y ámbitos: lo escolar y lo social. Además implica constituir alianzas entre las diversas agencias públicas y privadas que hacen educación en el país.

c) Poner a disposición las nuevas tecnologías de la información para crear una cultura ciudadana, que valore la autonomía, la transparencia, la información y la participación. Para ello se necesita una iniciativa pública movilizadora y articuladora de las experiencias actualmente en curso en el país. Es preciso ciudadanizar la "autoridad" responsable del fomento de las nuevas tecnologías de información y abrirla hacia el paradigma de una sociedad de aprendizaje.

d) Crear instituciones de participación y control ciudadano de las políticas públicas: democratizar el espacio público y expandir el círculo de quienes definen las agendas públicas en el país. Esto implica invertir en capital social y poner a disposición de la sociedad civil recursos que permitan poner en valor la diversidad. Esto es lo que llamamos una "política de reconocimiento" que es una de las características esenciales de una democracia avanzada.

e) Implementar acciones de alcance constitucional que incorporen y modifiquen el "disco duro" de la democracia vigente, especialmente en temas como la aprobación de la iniciativa popular de ley, la revocación de mandato, voto programático y la democratización de los gobiernos regionales.

3. Fortalecer la sociedad civil implica enfrentar algunas cuestiones claves en el ámbito de los "recursos". En este sentido es preciso desarrollar una política de financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil, para acrecentar su aporte al desarrollo social.
Es preciso cuantificar la contribución de estas organizaciones a la creación de capital social y valorar el trabajo ciudadano que ellas realizan, fortaleciéndolo con subvenciones públicas.

Para ello es preciso que las autoridades diseñen un sistema transparente de asignación de recursos para las organizaciones de la sociedad civil. Las entidades representativas de estas organizaciones deberían tener participación en el diseño presupuestario del gasto fiscal, en las partidas referidas al desarrollo social, tal como sucede en países que cuentan con democracias avanzadas.

4. Tanto las propias organizaciones de la sociedad civil como las autoridades públicas deben invertir para crear las condiciones para que la sociedad se comunique mejor, se establezcan espacios públicos (que sean ámbitos de expresión, participación y mediación) y se reconozca la asociatividad como un valor. Es preciso crear una "autoridad" para la innovación ciudadana, que debe ser el marco de orientación de una política de "fortalecimiento de la sociedad civil". Esta política debe ser de carácter "productivo" o de fomento de los emprendimientos ciudadanos, que diversifiquen o creen las respuestas a los problemas de la "nueva cuestión social" propia de una sociedad post industrial.

5. Estas políticas deben entenderse siempre como "inversión" en el sentido técnico del término, pero también en el sentido metafórico: es preciso invertir ciertas tendencias del desarrollo político. El dilema de la política democrática chilena es conquistar mayores dosis de "disponibilidad" cívica, crear capacidades estratégicas para hacer fuerte una democracia (asociatividad, argumentación, deliberación, visibilidad pública de los actores, modernización de los partidos) y establecer contratos, que actúen como marcos de finalidades compartidas, pero también como plataformas de modernización y democratización de la política. Para ello es preciso re fundar la agenda política, sacándola del paradigma funcionalista y colocándola en una paradigma de complejidad. La política debe entenderse y practicarse como la "trama de la vida" y sus instituciones deben ser facilitadoras de consenso, pero también creadoras de una cultura de "proximidad", es decir, de un tipo de moralidad pública que asocie la razón política con la capacidad de afectación solidaria de los humanos. Esto implica explorar las posibilidades que tenemos como país de reponer sentidos comunes y una idea consociativa de la vida política.

6. Para llevar adelante una política de innovación ciudadana se requiere liderazgo y una nueva agenda. Liderazgo para abrir espacios públicos deliberativos y explorar la capacidad que tenemos como sociedad para reconocer y valorar el componente ciudadano de la democracia, es decir, el factor decisivo de la asociatividad, del control y la participación ciudadana en la política. Este "liderazgo" debe ser capaz de construir una agenda capaz de "anticipar" los nuevos temas y blindar la sociedad del descreimiento y la desesperanza.

Una sociedad que no espera nada es una sociedad invertebrada, vacía. Es preciso contar con una agenda que le dé contenido movilizador a este "tiempo de espera" que vive la democracia a nivel global.

 

J. Osorio V. es coordinador del Fondo de las Américas de Chile.

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